viernes, 24 de octubre de 2008

Actores para el Oscar (IX): Anne Hathaway

Tener 25 años y ser una de las actrices del momento con mejores perspectivas de futuro no está nada mal… ¿Cómo lo ha conseguido Anne Hathaway? Muchos las consideran, salvando las oportunas distancias, una mezcla de Audrey Hepburn, Judy Garland y Julia Roberts, capaz de rendir al espectador con sólo una mirada a la cámara. Está claro que ya lo de actriz teenager finalizó y se encuentra en la labor de ser una de las más importantes de Hollywood... y que mejor que la nominación al Oscar (o incluso, las serias posibilidades de llevárselo) por su papel en Rachel Getting Married para lubricar su posición.

Vamos a saber su biografía:
Anne Jacqueline Hathaway nació en Brooklyn, Nueva York, el 12 de Noviembre de 1982, hija del abogado Gerald Hathaway y la actriz de teatro Kate McCauley, tiene dos hermanos, el mayor, Michael, y uno pequeño, Thomas. La familia trasladó su residencia a Short Hill, Nueva Jersey, estudiando Anne en el Milburn High School, donde descubrió el teatro estudiantil; fue tal su predeterminación que aún estando en el instituto, se matriculó en la Paper Mill Playhouse y, una vez terminados los estudios secundarios, volvió a su ciudad natal, donde asistió a clases en el Vassar College (escuela donde ya vimos que estuvo, con anterioridad, Meryl Streep) y en el Gallatin School of Individualized Study. Paralelamente, se perfeccionó como bailarina en el Broadway Dance Center. Con este curriculum la actriz enfocó la búsqueda de sus primeros papeles de teatro aunque la fortuna le deparaba mayores glorias: con apenas 17 años, fue seleccionada para incorporarse al reparto de la serie de la FOX, Asuntos de familia, por la que obtuvo la nominación a Mejor Actriz Dramática a los Teen Choice Awards. Su aparición en la pequeña pantalla llamó la atención de los productores de Disney, que la reclamaron para interpretar a Mia Thermopolis en la comedia Princesa por sorpresa (2001), de G. Marshall; un debut cinematográfico con un éxito de taquilla y junto a la mítica Julie Andrews fue una prueba de fuego para la joven que la actriz que buscó alejarse de su nuevo título de ídolo infantil con do trabajos que no lo consiguieron: Al otro lado del cielo (2001), de M. Davis; y La leyenda de Nicholas Nickleby (2002), de D. McGrath. Reclamada en papeles que recuperaran su imagen más modosita, protagonizó el bodrio Hechizada, de T. O’Haver; y la secuela de la película de Garry Marshall: Princesa por sorpresa II (ambas de 2004).

Con 22 años, Anne veía como los proyectos que se le amontonaban sobre la mesa eran idénticos unos a otros y decidió romper en rebeldía aceptando participar en Caos (2005), de B. Kopple, una película independiente donde asistíamos a la caída libre de una adolescente en el mundo de las drogas. Preocupada por continuar su evolución como actriz, le vino la oportunidad de demostrar al mundo que era algo más que una chica alta y bonita cuando fue aceptada en el reparto de la obra maestra Brokeback Mountain (2005), de A. Lee, su papel de Lureen, la esposa de Jack Twist (Jake Gyllenhaal), se considera su salto definitivo al cine con mayúsculas, recibiendo excelentes críticas que le abrieron un abanico de posibilidades que no dejó escapar: al año siguiente, volvía la comedia, pero con matices más interesantes, co-protagonizando junto a la gran Meryl Streep, El diablo viste de Prada, de D. Frankel, un nuevo éxito que la colocaban entre las actrices más competentes de su generación; así, probó suerte con el cine de época con La joven Jane Austen (2007), de J. Jarrold, encarnando, nada menos, que a la celebérrima escritora británica.

2008 ha sido un año productivo para ella; tres títulos, tres géneros: Passengers, de R. García, un thriller junto a Patrick Wilson; Superagente 86, de P. Segal, remake de la serie de los años 60 donde comparte aventuras (y risas) a lado de Steve Carell y, por último (y mayor repercusión), Rachel Getting Married, de J. Demme. El director, oscarizado por El silencio de los corderos (1991), vuelve a primera línea de fuego, después de unos intentos fallidos, con esta tragicomedia que cuenta el regreso al hogar familiar de la peculiar Kym Buchman, con motivo de la boda de su hermana Rachel, y con ella los fantasmas del pasado, heridas abiertas que deben cerrarse. La cinta fue presentada en la pasada Mostra y, por donde ha ido pasando (Toronto, San Sebastián, Londres,…) va recogiendo excelente críticas que la posicionan, junto a Slumdog Millionaire, como la película indie del año, y a su protagonista como directa a las nominaciones de la Academia; sin duda, es el trabajo de mayor envergadura para Hathaway, un sobresaliente que puede llegar a ser matrícula de honor.